Rexouba
retallaria:

Sempre en Galiza
Afonso Daniel Rodríguez Castelao, 1944
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Sempre en Galiza

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-“Hay algunos que creen que hay seres humanos que nacen con una silla de montar en el lomo, mientras que ellos han nacido con espuelas para subirse encima.”
Thomas Jefferson (via edahhi)
REFLEXIÓN DE ROUSSEAU

edahhi:

-“Es la debilidad del hombre lo que le hace sociable; son nuestras comunes miserias las que inclinan nuestros corazones a la humanidad; si no fuésemos hombres, no le deberíamos nada. Todo apego es un signo de insuficiencia: si cada uno de nosotros no tuviese ninguna necesidad de los demás, ni siquiera pensaría en unirse a ellos. Así, de nuestra misma deficiencia nace nuestra frágil dicha. Un ser verdaderamente feliz es un ser solitario: sólo Dios goza de una felicidad absoluta; pero ¿Quién de nosotros tiene idea de cosa semejante? Si alguien imperfecto pudiera bastarse a sí mismo, ¿De qué gozaría, según nosotros? Estaría sólo, sería desdichado. Yo no concibo que quien no tiene necesidad de nada pueda amar algo: y no concibo que quien no ame nada pueda ser feliz.

Fuente: Jean-Jacques Rousseau - (Emilio o De la educación)

destroyed-and-abandoned:

Wreck of the Hans Egede, a 1927 Danish schooner ship. Cliffe, United Kingdom. .Source: ryme-intrinseca (flickr)

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Wreck of the Hans Egede, a 1927 Danish schooner ship. Cliffe, United Kingdom. .
Source: ryme-intrinseca (flickr)

Las prisiones están construidas con piedras de la ley, los burdeles con piedras de la religión.
William Blake (via edahhi)
El poder está bien y la estupidez es, por lo general, inofensiva. Pero el poder y la estupidez juntos son peligrosos.
El nombre del viento (Patrick Rothfuss)
-“Mueren desconocidos y sus sufrimientos no tienen otro cronista que el empleado que registra las defunciones, ni otros anales que la sección de obituarios de los periódicos.”
A. Schopenhauer (via edahhi)
‬La‭ “‬libertad‭” ‬para explotar,‭ ‬oprimir,‭ ‬mandar,‭ ‬lo cual es opresión y ciertamente no es libertad.
Errico Malatesta (via hija-de-la-anarquia)
joludi:

Manus.
Más casos de violencia machista. Ayer otra mujer asesinada. Marta me pregunta cuál puede ser la razón de esta barbarie. Le contesto que, a mi juicio, como en casi todo, hay que buscar la razón en nuestras raíces culturales. Concretamente en nuestras raíces grecolatinas, a las que por otra parte, debemos tantas cosas positivas.
El machismo brutal que aún pervive tristemente entre nosotros es solo un remoto reflejo del machismo en la antigua Roma. 
También la mujer tenía una paupérrima consideración en la Grecia clásica, aunque no se daban los elementos del brutal machismo que vemos en el mundo romano. 
En la Grecia clásica la mujer era simplemente la responsable de la maternidad y de la gestión doméstica. No se la permite ni tener patrimonio, ni adquirir cultura ni educar a los hijos (los hijos son educados por adultos ajenos a la familia en la Atenas del siglo de oro, conforme a la singularísima institución de la pederastía, en la que algunos han querido ver una clave de la excelencia cultural griega durante una cierta época).
Pero es en Roma donde están las claves de los sucesos como el que ocurrió ayer.
Para entender por qué, pensemos que la clave del fenómeno histórico romano es doble. 
Por un lado, Roma la obsesión cultural por el dominio y la conquista.
Por otro, Roma es una estructuración social y jurídica sumamente robusta, basada esencialmente en la institución de la familia patriarcal romana. 
Quien tenga dudas sobre estas dos claves de lo romano, que piense en las dos cosas principales que forman parte de la herencia que nos ha dejado Roma. Seguramente vendrá a su mente el legado del Imperio y el Derecho. 
Sin la obsesión por el dominio y la conquista no se puede comprender el hecho imperial. Virgilio decía que era propio de los romanos proteger a los dóciles y abatir a los soberbios (romanorum est debellare superbos et parcere subjectis)
A su vez, la estructuración jurídico-social de los romanos, tan poderosa, tan innovadora, tan eficiente, es, en cierto modo, la clave que hizo posible el funcionamiento irresistible de la máquina política, militar, económica romana.
Pero ese sistema jurídico-social de Roma se basaba en un modelo singular de familia extendida. Una familia dominada con mano de hierro por la figura del patriarca o paterfamilias. Sin este tipo de familia, que es realmente un “invento” netamente romano, la poderosa maquinaria de la sociedad romana no podría haber conquistado el mundo, como en efecto lo hizo.
¿Y cuál era la clave del modelo familiar patriarcal en Roma? Pues precisamente la figura del paterfamilias, al que todos los componentes familiares debían total sumisión hasta el fin de sus días (no solo durante la minoría de edad).
El paterfamilias romano tenía derecho de vida y muerte sobre todos y cada uno de los integrantes de la familia. Y ese derecho absoluto se extendía por supuesto a las mujeres, que al casarse, entraban a formar parte, por decirlo así, del patrimonio familiar, de la esfera de dominio y propiedad del paterfamilias, como un objeto mueble más que la familia extendida adquiría. No en vano, el matrimonio romano se celebraba principalmente mediante el rito de la coemptio, o compra. Por el cual, mediante unas monedas de bronce (de las que vienen nuestra arras) arrojadas a una balanza de un solo plato, el marido adquiría la propiedad (para sí o para su paterfamilias, si él no lo era), de la mujer con la que se celebraban esponsales. Este era el rito matrimonial principal, mucho más usual que el matrimonio por confarreatio, más paritario y propio de las élites, en el que los esposos partían con las manos unidas una tarta de farro (lo mismo que hacen ahora los novios en las bodas).
Con el matrimonio por coemptio o adquisición, el esposo adquiría un poder absoluto sobre la mujer. Un poder que ejercería de por vida por delegación del paterfamilias. Este poder absoluto se llamaba, y he aquí otra escalofriante clave, “manus”. Es decir, el marido romano adquiría al casarse la “mano” sobre la esposa, lo cual es una expresión tremendamente significativa.
Con esto ya tenemos sobre la mesa los elementos para entender esa raíz romana del machismo a la que me refería más arriba. Tenemos un pueblo dominante por naturaleza, que se estructura socialmente de un modo tal que la mujer casada deviene un puro objeto, no un sujeto. U n objeto sometido o dominado bajo la mano de hierro del esposo o paterfamilias.
La propia historia de Roma comienza con un suceso que revela esta doble naturaleza de afán de dominio y opresión femenina. El episodio mítico del Rapto de las Sabinas, es un ejemplo de este doble rasgo cultural: un caso fundacional de violencia dominante, de rapiña injustificada, ejercido sobre un pueblo vecino y pacífico al que se arrebatan con un golpe de mano todas las mujeres, como quien roba una mercancía cualquiera. Ese es el momento germinal de la Historia de Roma, y en él está contenido toda la miseria y grandeza de la epopeya romana. Quizá pensando en ese suceso semilegendario, Paul Veyne decía que las conquistas de Roma eran conquistas de estupro.
Muchos siglos de cultura romana han dejado la triste herencia en nosotros (entre otras muy positivas) de esta consideración cosificada de la mujer y esta rara convicción que tienen aún muchos hombres de que pueden ejercer a su gusto la “manus” sobre su esposa, amante o compañera. Cuanto más profunda es la huella romana en un país europeo, más intenso es el fenómeno del machismo y de su violencia asociada. España e Italia estamos en esto a la cabeza, sin ninguna duda.
No puedo terminar sin matizar que lo que yo aquí he indicado se aplica sobre todo a la Roma de los primeros tiempos, si bien la marca cultural quedó ya como algo indeleble. Progresivamente, es verdad, la opresión femenina en Roma se fue dulcificando. Un paso de gigante lo dio Octavio Augusto, poco antes del comienzo del primer milenio. Octavio, finísimo estratega, tuvo la agudeza de entender que las mujeres romanas podrían ser un apoyo de primer orden para sus fines políticos. Con esa nueva normativa de Octavio se inició un lentísimo proceso institucional de reconocimiento de la figura femenina en Roma que se extendería a lo largo de los siglos. Hay quien dice que ese proceso llega nada menos que hasta 1950, que es cuando la Iglesia Católica, heredera legítima en cierto modo del Imperio Romano, dignifica la figura femenina con el dogma de la Asunción, que en esencia, no es sino la elevación icónica de la mujer hasta situarla virtualmente como cuarto componente, si cabe la expresión, de la trinidad cristiana (C.G Jung consideraba insuperable la importancia cultural de este dogma católico de la Asunción y escribió mucho al respecto). Curiosamente, la fiesta de la Asunción se celebra en todo el mundo católico en la mitad del mes que Augusto convirtió en festivo en su totalidad (las feriae augustae, el ferragosto). Y Augusto lo hizo precisamente en homenaje a la mujer, pues esas feriae augustae eran festividades en honor de Diana o Cibeles, celebraciones solemnes de la fertilidad femenina. Pero ni las celebraciones femeninas ni los dogmas teológicos, parecen detener del todo esta brutalidad machista que ayer, día de la Asuncion, se llevó la vida de otra mujer, en Móstoles. Un crimen de género que hace el número 36 en lo que va de año. A más de una por semana.

joludi:

Manus.

Más casos de violencia machista. Ayer otra mujer asesinada. Marta me pregunta cuál puede ser la razón de esta barbarie. Le contesto que, a mi juicio, como en casi todo, hay que buscar la razón en nuestras raíces culturales. Concretamente en nuestras raíces grecolatinas, a las que por otra parte, debemos tantas cosas positivas.

El machismo brutal que aún pervive tristemente entre nosotros es solo un remoto reflejo del machismo en la antigua Roma. 

También la mujer tenía una paupérrima consideración en la Grecia clásica, aunque no se daban los elementos del brutal machismo que vemos en el mundo romano. 

En la Grecia clásica la mujer era simplemente la responsable de la maternidad y de la gestión doméstica. No se la permite ni tener patrimonio, ni adquirir cultura ni educar a los hijos (los hijos son educados por adultos ajenos a la familia en la Atenas del siglo de oro, conforme a la singularísima institución de la pederastía, en la que algunos han querido ver una clave de la excelencia cultural griega durante una cierta época).

Pero es en Roma donde están las claves de los sucesos como el que ocurrió ayer.

Para entender por qué, pensemos que la clave del fenómeno histórico romano es doble. 

Por un lado, Roma la obsesión cultural por el dominio y la conquista.

Por otro, Roma es una estructuración social y jurídica sumamente robusta, basada esencialmente en la institución de la familia patriarcal romana. 

Quien tenga dudas sobre estas dos claves de lo romano, que piense en las dos cosas principales que forman parte de la herencia que nos ha dejado Roma. Seguramente vendrá a su mente el legado del Imperio y el Derecho. 

Sin la obsesión por el dominio y la conquista no se puede comprender el hecho imperial. Virgilio decía que era propio de los romanos proteger a los dóciles y abatir a los soberbios (romanorum est debellare superbos et parcere subjectis)

A su vez, la estructuración jurídico-social de los romanos, tan poderosa, tan innovadora, tan eficiente, es, en cierto modo, la clave que hizo posible el funcionamiento irresistible de la máquina política, militar, económica romana.

Pero ese sistema jurídico-social de Roma se basaba en un modelo singular de familia extendida. Una familia dominada con mano de hierro por la figura del patriarca o paterfamilias. Sin este tipo de familia, que es realmente un “invento” netamente romano, la poderosa maquinaria de la sociedad romana no podría haber conquistado el mundo, como en efecto lo hizo.

¿Y cuál era la clave del modelo familiar patriarcal en Roma? Pues precisamente la figura del paterfamilias, al que todos los componentes familiares debían total sumisión hasta el fin de sus días (no solo durante la minoría de edad).

El paterfamilias romano tenía derecho de vida y muerte sobre todos y cada uno de los integrantes de la familia. Y ese derecho absoluto se extendía por supuesto a las mujeres, que al casarse, entraban a formar parte, por decirlo así, del patrimonio familiar, de la esfera de dominio y propiedad del paterfamilias, como un objeto mueble más que la familia extendida adquiría. No en vano, el matrimonio romano se celebraba principalmente mediante el rito de la coemptio, o compra. Por el cual, mediante unas monedas de bronce (de las que vienen nuestra arras) arrojadas a una balanza de un solo plato, el marido adquiría la propiedad (para sí o para su paterfamilias, si él no lo era), de la mujer con la que se celebraban esponsales. Este era el rito matrimonial principal, mucho más usual que el matrimonio por confarreatio, más paritario y propio de las élites, en el que los esposos partían con las manos unidas una tarta de farro (lo mismo que hacen ahora los novios en las bodas).

Con el matrimonio por coemptio o adquisición, el esposo adquiría un poder absoluto sobre la mujer. Un poder que ejercería de por vida por delegación del paterfamilias. Este poder absoluto se llamaba, y he aquí otra escalofriante clave, “manus”. Es decir, el marido romano adquiría al casarse la “mano” sobre la esposa, lo cual es una expresión tremendamente significativa.

Con esto ya tenemos sobre la mesa los elementos para entender esa raíz romana del machismo a la que me refería más arriba. Tenemos un pueblo dominante por naturaleza, que se estructura socialmente de un modo tal que la mujer casada deviene un puro objeto, no un sujeto. U n objeto sometido o dominado bajo la mano de hierro del esposo o paterfamilias.

La propia historia de Roma comienza con un suceso que revela esta doble naturaleza de afán de dominio y opresión femenina. El episodio mítico del Rapto de las Sabinas, es un ejemplo de este doble rasgo cultural: un caso fundacional de violencia dominante, de rapiña injustificada, ejercido sobre un pueblo vecino y pacífico al que se arrebatan con un golpe de mano todas las mujeres, como quien roba una mercancía cualquiera. Ese es el momento germinal de la Historia de Roma, y en él está contenido toda la miseria y grandeza de la epopeya romana. Quizá pensando en ese suceso semilegendario, Paul Veyne decía que las conquistas de Roma eran conquistas de estupro.

Muchos siglos de cultura romana han dejado la triste herencia en nosotros (entre otras muy positivas) de esta consideración cosificada de la mujer y esta rara convicción que tienen aún muchos hombres de que pueden ejercer a su gusto la “manus” sobre su esposa, amante o compañera. Cuanto más profunda es la huella romana en un país europeo, más intenso es el fenómeno del machismo y de su violencia asociada. España e Italia estamos en esto a la cabeza, sin ninguna duda.

No puedo terminar sin matizar que lo que yo aquí he indicado se aplica sobre todo a la Roma de los primeros tiempos, si bien la marca cultural quedó ya como algo indeleble. Progresivamente, es verdad, la opresión femenina en Roma se fue dulcificando. Un paso de gigante lo dio Octavio Augusto, poco antes del comienzo del primer milenio. Octavio, finísimo estratega, tuvo la agudeza de entender que las mujeres romanas podrían ser un apoyo de primer orden para sus fines políticos. Con esa nueva normativa de Octavio se inició un lentísimo proceso institucional de reconocimiento de la figura femenina en Roma que se extendería a lo largo de los siglos. Hay quien dice que ese proceso llega nada menos que hasta 1950, que es cuando la Iglesia Católica, heredera legítima en cierto modo del Imperio Romano, dignifica la figura femenina con el dogma de la Asunción, que en esencia, no es sino la elevación icónica de la mujer hasta situarla virtualmente como cuarto componente, si cabe la expresión, de la trinidad cristiana (C.G Jung consideraba insuperable la importancia cultural de este dogma católico de la Asunción y escribió mucho al respecto). Curiosamente, la fiesta de la Asunción se celebra en todo el mundo católico en la mitad del mes que Augusto convirtió en festivo en su totalidad (las feriae augustae, el ferragosto). Y Augusto lo hizo precisamente en homenaje a la mujer, pues esas feriae augustae eran festividades en honor de Diana o Cibeles, celebraciones solemnes de la fertilidad femenina. Pero ni las celebraciones femeninas ni los dogmas teológicos, parecen detener del todo esta brutalidad machista que ayer, día de la Asuncion, se llevó la vida de otra mujer, en Móstoles. Un crimen de género que hace el número 36 en lo que va de año. A más de una por semana.

theearthinimages:

Rievaulx, England. By Phil Robson

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Rievaulx, England. By Phil Robson

Aplastado por su carga de trabajo cotidiano, privado de ocio, de comercio intelectual, de lectura, de casi todos los estimulantes que desarrollan la reflexión en los hombres, el pueblo acepta muy a menudo sin crítica y en conjunto las tradiciones religiosas que, envolviéndolo desde su nacimiento se transforman en una suerte de hábito mental y moral más poderoso que su buen sentido natural.
Bakunin Mijail / Dios y el estado (fragmento)